Historia de la Feria
Con respecto al origen de nuestra Feria de Filatelia y Numismática se han tejido diversas y fantásticas historias, convirtiendo nuestros comienzos en un enigma para muchos…
La realidad es que, hacia el año 1943, la desaparecida revista Rojo y Negro, un semanario de actualidad profusamente ilustrado y con mucho material fotográfico, tenía en sus páginas finales una sección dedicada a los avisos para intercambio de sellos. Lo que Rojo y Negro hacía, en definitiva, era dejar una especie de panel de noticias donde los coleccionistas podían publicar sus propuestas de canje. Es así que algún redactor de la revista tuvo la feliz ocurrencia de hacer una convocatoria y así reunir a los filatelistas en un lugar céntrico y accesible. Esto debería hacerse un domingo a la mañana para facilitar la presencia de la mayor cantidad de apasionados por el tema.
Ya existía por ese entónces, en el actual barrio de Flores, algunas reuniones de este tipo y que se encontraban en diversas instituciones culturales o de fomento. Sin embargo, la propuesta del Parque Rivadavia parecía novedosa, en el centro geográfico de la barrio de Caballito, por su carácter de público y a cielo abierto.

La respuesta inicial a la propuesta de la revista no debió de ser muy importante. Aparentemente, no más de unos diez o doce coleccionistas debieron asistir aquel primer domingo, bajo el añoso ombú del Parque Rivadavia, donde hoy funciona nuestra feria. Sin embargo, a pesar de lo escaso de la convocatoria, aquello que fue una reunión de pocas personas interesadas en cambiar sellos postales y que respondieron a la invitación de la revista Rojo y Negro, fue la génesis de lo que terminó siendo un movimiento cultural que no se detendría y no dejaría de crecer hasta nuestros días.

Fotografía aparecida en el diario La Prensa el 26 de enero de 1947
En aquellos tiempos era muy evidente la presencia de coleccionistas extranjeros que llegaron a la República Argentina, muchos de ellos escapados de las persecuciones y la guerra. Entre ellos se destacaban diversos personajes de Ucrania, Alemania, Checoslovaquia y otras naciones de Europa Oriental, los cuales llegaron con importantes colecciones en sus equipajes. Estos inmigrantes, sumados a la ya descatada presencia de coleccionistas argentinos, fueron la columna vertebral de la incipiente feria.
Durante los primeros tiempos, aquellos primeros coleccionistas que se instalaron en el Parque Rivadavia, llegaban con sus maletines, cajas y carpetas, exhibiendo sus colecciones sobre los bancos existentes en la plaza o sobre el mismo piso. Con el tiempo, hacia los años 1958 o 1959, algunos “audaces” se atrevieron a venir con unas pequeñas mesitas pues, el indudable éxito que se estaba evidenciando en la improvisada feria, hacía escasos los bancos que tenía el parque. El carácter de masivo que tomó la Feria se hace evidente en las fotografías de la época, donde la cantidad de personas que estaban canjeando o simplemente observando tenía el aspecto de multitudinario.

La Feria, si bien no tenía por aquellos años el reconocimiento oficial de las autoridades de la ciudad, pasó a formar parte, paulatinamente, de la geografía cultural de Buenos Aires. En revistas de la época, nos encontramos con artículos de divulgación donde se hace mención de nuestra existencia. El éxito de convocatoria era, a esa altura, inocultable. Hoy por hoy, la Feria de Coleccionistas del Parque Rivadavia, es la “madre” de todas la ferias pues, las referidas a libros y revistas, surgieron algunos años más tarde.
Las primeras reglamentaciones que surgieron, a fin de ordenar el funcionamiento de la feria, fue durante la presidencia del Dr. Arturo Umberto Illia. En sus edictos se prohibía la venta de estampillas, autorizándose solo la operación de canje, lo cual solía complicar las posibilidades de obtención de los sellos. Muchos de los coleccionistas que se llegaban al Parque no iban con intenciones de canjear sino, directamente, buscar aquella pieza faltante y adquirirla. A la caída de Illia, la feria se movió con mayor libertad, permitiéndose no solo el canje sino con mayor frecuencia la compra y venta. Durante la dictadura militar (1976-1983), las autoridades militares procedieron a censarnos y ordenarnos, matizando estas actividades burocráticas con algún que otro “operativo” de las fuerzas de seguridad en búsqueda de supuestas acciones “subversivas” en el ámbito del Parque. Incluso, hubo alguna intención de derivar la Feria a un espacio preparado bajo las nuevas Autopistas construídas…
Pero más allá de las viscicitudes de estos años, la Feria continuó su vida y su crecimiento. A la sombra del histórico ombú, que cobija a los puestos y a los ávidos visitantes, pasaron gran cantidad de turistas interesados, así como algunas personalidades del quehacer cultural de la ciudad. Coleccionistas como Antonio Carrizo, en búsqueda de viejas postales de su pueblo natal (Villegas), Adolfo Castello, Alejandro Dolina y no pocos embajadores extranjeros acreditados en nuestro país, son solo la muestra de la importancia y el interés que despierta nuestra actividad.
Nota
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