La Quinta Lezica
De todas las quintas que fueron apareciendo a partir de la segunda mitad del siglo XIX a la vera de la actual Avenida Rivadavia, sin duda alguna la más importante fue la perteneciente a don Ambrosio Lezica (1810-1881). Su padre la había adquirido hacia el año 1840, en los lejanos tiempos del gobierno de don Juan Manuel de Rosas. Era descendiente directo de don Juan Antonio Lezica, partícipe destacado de las denominadas invasiones inglesas al Río de la Plata, de la Revolución de Mayo y de las guerras de la independencia sudamericana, lo cual lo convertía en uno de los miembros de las familias patricias más tradicionales y destacadas de la época.La quinta, cuyas dimensiones superaban ampliamente al predio que hoy ocupa la extensión del parque, estaba delimitada en su frente por un muro de mampostería, con pilares que enmarcaban varios tramos de reja artística. Tras ella, podía verse la casona que estaba ubicada, aproximadamente, a la altura del actual emplazamiento del monumento al libertador Simón Bolivar. Contaba con un amplio vestíbulo construido con una estructura metálica y un cerramiento con vidrios de colores, que escondía parte de la fachada. Construida con gruesos muros de mampostería, podia verse en su frente el ritmo impuesto por pilares que marcaban cada aventanamiento.
![]() |
En su interior, el vestíbulo mostraba la indudable riqueza con que contaron sus propietarios; los coloridos mosaicos que estaban instalados representaban imágenes del mundo animal. Tal era la variedad que los motivos estaban sin repetir en toda suextensión.
Las amplias habitaciones, que estaban suntuosamente decoradas y amuebladas -tal como pueden verse en antiguas fotografías de la época- se iluminaban a través de las altas puertas de madera, algunas con adintelamientos rectangulares, otras con un arco de medio punto.
Contaba con un gran patio donde se incluía un infaltable aljibe. En algunas de las fotografías que lograron sacarse antes de la definitiva destrucción, puede verse que este patio estaba protegido por una pérgola donde la vegetación trepaba, brindando sombra e intimidad. Sus jardines estaban plantados por una muy diversa y abundante vegetación, toda hecha por los esfuerzos del propio Lezica y de su jardinero, apellidado Blanco, entre los años 1868 y 1870. Incluía especies como cipreces, araucarias, arrayanes y magnolias, además de gran cantidad de arbustos, viñedos y frutales. Incluso, en sus terrenos se plantaron los primeros siete eucaliptos introducidos en la Argentina, plantados por el propio Ambrosio Lezica.
En medio del intrincado y laberíntico jardín, cuya espesura era excusa para las mas increibles historias de fantasmas y de espíritus, se encontraba lo que tal vez era una de las construcciones más importantes de la propiedad: su invernadero. Estaba construido con una estructura metálica y cerrado con vidrios curvos, muchos de ellos ya destruidos cuando estaba a punto de ser demolida. Contaba en su interior con un sistema de calefacción que, para aquellos tiempos, era un verdadero alarde de riqueza económica.
![]() |
Existía también un estanque que era atravesado por un pequeño puente, además de una antigua noria que, salvada del furor de la piqueta y la desaprensión por la preservación del patrimonio histórico, podemos ver aún hoy en día. Finalmente, como complemento de todo el conjunto y en las cercanías de nuestro tradicional ombú, se encontraba la vivienda de los caseros.
Entre sus árboles, sus tapias y viñedos, se tejieron viejas anécdotas de la historia de nuestro país. En sus inmediaciones habían acampado las fuerzas del general Justo José de Urquiza en febrero de 1852, tras vencer a las fuerzas del gobernador de Buenos Aires, brigadier Juan Manuel de Rosas. Al parecer, hombres que respondían al llamado “Restaurador de las Leyes” habían sido dispersos a tiros por las fuerzas del gobernador entrerriano. El 21 de enero de 1853 se desarrollaron algunos combates de los que no faltaban en aquellos tumultuosos tiempos de la Argentina.

